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Quiero mi moneda social

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Escrito por root

La película El Séptimo Día (Carlos Saura, 2004) habla la masacre de Puerto Hurraco cometidos en agosto de 1990. El escenario es un pueblito de resequedad extremeña que podría ubicarse temporalmente en cualquier momento de la segunda mitad del siglo veinte a no ser porque está lleno de televisiones en las que la gente ve los Juegos Olímpicos de Barcelona que cabe decir, ocurrieron dos años después de los asesinatos.

Sin embargo Saura decidió incluír las imagenes olímpicas (sacadas de su propio documental Marathon) supongo impulsado por Ray Loriga, un gran consumidor de deportes por pantalla, y guionista del Séptimo Día, tal vez para ubicar la resequedad del pueblito en un contexto histórico al que sería ajeno de no ser por la televisión a color.

De excentricidades como tener un pueblo o una casa llena de televisiones escribe hoy en el País Enric Gonzalez, quien por primera vez ha seguido los juegos a través del ordenador e internet, donde lo importante no es el tipo de pantalla, si no la capacidad de elegir lo que uno quiere ver.

Gonzalez habla de la fragilidad que tienen hoy en día los medios impresos, y de cómo deben adaptarse: “El medio que consiga hablar de sí mismo recurriendo a códigos periodísticos, y no publicitarios, tendrá ya un pie en el futuro.”

Todo esto me remite al artículo What’s Really Killing Newspapers de Slate: más que el papel o la pantalla, los medios tradicionales han dejado de ser la mejor fuente de moneda social (social currency): la información llega tarde, está basada en códigos tradicionales y es unidireccional.

Es cierto que el papel es un limitante para poder cambiar estas características pero el problema en todo caso trasciende a la fragilidad del papel y a la capacidad ya no de hablar de uno mismo, sino hablar del lector. 

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