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Secret Cinema, no se lo digas a nadie

Escrito por root

Secret Cinema
Las entradas se compran tres meses antes de la función, cuestan tres veces más que una película en cartelera y uno no sabe ni siquiera que película va a ver.

Tell no one – No se lo digas a nadie, rezan los esporádicos correos electrónicos que se comienzan a recibir apenas se han comprado las entradas, mismos que invitan a entrar en el sitio de The New Wellbeing Foundation, una institución de la que poco se puede indagar. Hasta que dos semanas antes de la función se dan instrucciones más precisas: hay que presentarse en la entrada del metro de Ladbroke Grove a las 12.15, llevar un par de pantuflas, una bata, un cepillo de dientes y una fotografía de un ser querido. Ah, y hay que llevar la bata puesta para ser identificado por nuestro personal.

¿Are you looking for someone? – Alrededor de la entrada del metro Ladbroke Grove, se pasea una cantidad inusual de gente que viste batas de todo tipo, sobre todo para ser un sábado gris de finales de noviembre. Hombres y mujeres con batas de médico, se acercan a los paseantes y preguntan si están “buscano a alguien”, a sabiendas que están llenos de preguntas. Una vez que se reune a un grupo de quince o veinte enbatados, los médicos dan la señal de seguir a un par de guías: dos hombres de color vestidos con camisa y pantalón blancos y pajarita negra.

You might find this a bit disturbing – Luego de un paseo de 15 minutos, el grupo se interna en un complejo de edificios médicos -en adelante el Oregon State Hospital- hasta ser recibidos por un grupo de amables enfermeras, que comprueban las entradas y dan la bienvenida a un antiguo hospital. Dentro del edificio de dos plantas, hay habitaciones acondicionadas para diferentes actividades como psicoanálisis, ejercicios de relajamiento, electroshocks, terapia de grupo, teoría de la lobotomía. En los espacios pululan otros “pacientes” entre los que cuesta distnguir a los asistentes y actores que interpretan tanto a otros internos, como a médicos, enfermeras, directivos, personal de limpieza, y bartenders. Si, porque mientras la gente convive en este ambiente hospitalario, puede tomarse unas cervezas, unos vinos o unas copas, comer alguna sopa caliente o unas palomitas que recuerdan que a lo que se vino es al cine, mientras la megafonñía anuncia que es hora de tomar la medicina.

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Medication Time! – A estas alturas, los pacientes más cinéfilos ya tienen una idea muy clara de qué película es la que van a ver. Sin embargo, nada se desvela todavía, por lo menos de forma evidente. En la planta superior, aparte de más habitaciones temáticas con bañeras llenas de hielo, jaulas con conejos, y habitaciones empapeladas con fotos de seres queridos (de las que los asistentes han traído) hay un par de salones con pantallas que recuerdan que a lo que se vino es a ver una peli. En uno de ellos un cuarteto de cuerdas toca lo que podría ser la banda sonora de la misma, cuando un par de alegres señoritas vestidas de fiesta piden a los asistentes que se reúnan en un pasillo, donde la luz es baja y las enfermeras piden, o más bien ordenan silencio. De una vieja radio comienzan a sonar las notas de The Sound of Silence y todos los pacientes cantan la letra que ya en alguno de los emails previos les habían pedido que se aprendiesen.

Al terminar, y sin aplausos de por medio, las enfermeras guían a los pacientes a las salas de proyección. Bajan las luces y finalmente se revela el secreto (que estas alturas lo era para pocos): One Flew Over The Cookoo’s Nest (Milos Forman, 1975) ganadora de 5 óscares, previo pase de un spot sobre de Mind, una ONG dedicada a mejorar las condiciones de vida de los enfremos mentales.

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Porque dentro de la puesta en escena hay lugar para patrocinadores como Windows Phone, en toda la imagen de la proyección, la ya citada Mind, The Guardian, que reparte un díptico con la sinopsis de la película y el cast completo de Secret Cinema a la salida de la función, justo después de pasar por una pantalla donde se proyectan los tweets que contienen el hashtag de #secretcinema, en los que los asistentes evitan revelar el nombre de la película a quienes asisitirán a la siguiente función: la puesta en escena se suele repetir cuatro veces durante un fin de semana, aunque la demanda (73 mil fans en Facebook, 11 mil followers en Twitter…) amerite la expansión de estos Juegos de Realidad Alterna (ARG por sus siglas en inglés) (Gracias Gonzalo!)

La próxima “temporada” de Secret Cinema está programada del 11 al 27 de febrero, es decir tres fines de semana en lugar de una y con una invitación expresa a que la audiencia “forme parte de la narrativa como nunca antes, invitando a la gente a  participar, collaborar and contribiur en las funciones.”

Luego de ver ejemplos de sesiones previas, como Wings of Desire o Brasil, y el lanzamiento de Future Cinema en Berlín con Alien, queda la cosquilla de importar el producto. De entrada propongo una trilogía amenabariana, con Tesis en la Facultad de ciencias de la Información de la Complutense, Abre los Ojos en lo más alto de la Torre Picasso, y Los Otros en una casona cántabra.

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